Esta noche limpiaré los zapatos que me compré aquí en Cartagena. Los cepillaré, les daré betún marrón y a continuación los pondré en el medio del salón, al igual que lo haría si estuviese en Madrid. Sé que aquí no vendrán los reyes, en primer lugar porque al ser inquilino sin contrato, no saben que vivo aquí. Y en segundo lugar porque los regalos me los trajo el niño Dios el día 25 de diciembre. Pese a ello, colocaré los zapatos en el salón y me iré a dormir.
Será una noche extraña, las 26 noches de reyes que he pasado anteriormente siempre han sido con gente en casa, con mucha gente. Cada poco tiempo podría esuchar a mi hermana Judith levantarse nerviosa para ver si habían llegado los reyes. Sin embargo, esta noche, si no hay sorpresas de última hora, tendré la únicamente compañía de la soledad.
Mañana me levantaré para ir a trabajar y recogeré mis zapatos vacíos con una sonrisa de oreja a oreja. Pensando que, a 8000 km de distancia, mi familia estará abriendo los regalos en la mesa de la cocina mientras toman un roscón comprado donde Cristobal y que mis amigos estarán acabando la misa de la fiesta de la Epifanía y después bajarán a los locales para brindar con la sidra añeja y el poco roscón que hayan dejado los mayores.
Los peques comentarán lo que les han traído los reyes mientras se lo van enseñando a todos los mayores (me estoy imaginando la cara todo sonriente de Javi Nuñez) y los padres con sonrisa de complicidad se dirán lo difícil que fue encontrar tal regalo.
Serán las 8.25 -14.25 en España- cuando salga de casa para ir a trabajar aún con la sonrisa en la cara, sabiendo que las personas que más quiero estarán comiendo, o apunto de, en una mesa familiar llenos de regalos y de mucha felicidad.
Faltan 30 minutos para los doce, regreso a casa con las bolsas de uvas. Las plazas se van llenando de sillas y mesas mientras la gente aún anda tranquila y la luz del sol aún no ha llegad a su ocaso. Abro la puerta enciendo el ordenador y pongo la radio. ¡Vaya la SER no va! bueno busco otra, Punto radio. 23.45 ya estamos todos, mis padres, mis hermanas y mi abuela. Como los últimos años mi abuelo no tiene cuerpo y se va a dormir antes. Cogemos las uvas, cambiamos la emisora…5 minutos para las doce. ¡Ay que nervios! Oímos como Ramón García explica a Kira Miró que primero baja la bola, los cuartos…. La luz del sol aún entra por la ventana del salón, es 31 de diciembre pero en la calle se puede estar en manga corta. Llegan las campanadas. UNA, DOS, TRES…OCJKFCHO, NUEGFE…DOGSE, tragas rápidamente y FELIZ AÑO NUEVO!!!!! Os quiero, empiezas a tirar besos en orden de lo que sea Abuela, mamá, papá otro para ti… Abro una lata de cerveza para brindar estamos diciéndonos te quiero durante cinco minutos, pero es la hora de irse un TEQUIERO para todos. Es año nuevo, me asomo al balcón. Empieza a anochecer, las luces de la ciudad empiezan a despertarse y a alumbrar la muralla. Las 00:10 en España, las 18.10 acá en Cartagena de Indias. Apago el ordenador, la herramienta que me ha permitido compartir las campanadas con mi familia que está en Madrid. Son las 18.15 aún queda tiempo para empezar a prepararme para la cena