Tras un rojizo amanecer
rutila la luna llena,
en el cielo de Cartagena
dorando aquello que no fue.
Baja ahora la marea
ese lucero del alba
tiñe de sal y de plata
la playa de Punta Arena.
Mis pies en el agua del mar
se introducen lentamente,
buscando en la inmensidad
un latido transparente,
que obligue a mi soledad
a regresar con mi gente.
