Posts etiquetados ‘camino’

Un rayo de luz

28 Febrero, 2008

Hoy he recibido ua triste noticia, el pasado domingo día 24, mientras yo aún seguía casi con las botas puestas, fallecía José María Alonso, el párroco del santuario de San Juan de Ortega (Burgos). El padre José María tenía 81 años y llevaba más de 30 recogiendo a los peregrinos que pasaban por “su” iglesia camino de Santiago. Les daba la bienvenida con los brazos bien abiertos y con una sopa de ajo bien calentita.

En septiembre del 2006 le conocí en una de mis peregrinaciones y aunque no pude quedarme a la cena comunitaria sí que recibí sus sabios consejos. Tanto a mí como al resto de peregrinos que estábamos con él nos explicó el fantástico milagro de la iglesia de San Juan de Ortega.

Coincidiendo con los equinoccios de primavera y otoño, un rayo de luz atraviesa una diminuta ventana ojival situada en la fachada principal del templo e incide sobre las figuras pétreas de un capitel que representa el ciclo completo de la Natividad cristiana.La luz recorre la escena completa, durante unos ocho minutos, a las 17 hora solar, que son las 19 h. Dos veces al año. Con precisión matemática. A la manera en que se representaba la Anunciación en las pinturas medievales.

Dentro de un par de semanas, el 21 de marzo, volverá a entrar por la ventana el rayo de luz. Pero este año, el cura de San Juan de Ortega, José María, no recibirá a los peregrinos ni atenderá a los curiosos, ni explicará el fenómeno equinoccial a los medios de comunicación.

Hasta siempre Don José María

De Tui a Santiago

17 Febrero, 2008

Apenas me quedan unas horitas para coger el tren a Vigo. Nueve horitas de viaje para curzar toda la meseta y llegar a las Rías Baixas. Allí un autobús me llevará a Tui, ciudad frontera con Portugal, apenás separada del país vecino por el Río Miño.

Allí en Tui comienza mi peregrinaje hacia Santiago de Compostela. Cinco días por tierras gallegas por el llamado camino portugués. O´Porriño, Pontevedra, Padrón…son algunas de las localidades por dónde disfrutaré durante estos días.

Voy con la bendeción del párroco de la iglesia de Santiago y San Juan Bautista aquí en Madrid. Para un cristiano que se llama Santiago y va a hacer el camino del mismo nombre, recbir la bendición de la parroquia homónima es una bendición especial.

El viernes llego a Santiago (si el tiempo y las fuerzas lo permiten) y aunque si logro conectarme os iré escribiendo algún que otro post, cuando llegue os escribiré mi experiencia.

Ultreia e Suseia (Más allá y más arriba)

Lágrimas Amarillas

19 Enero, 2008

Nada más salir del tren, la joven se dirigió a las taquillas de la estación. Llevaba una mochila a la espalda y vestía un abrigo rojo, un gorro de lana y unos guantes a juego. Apenas podían vérsele sus grandes y claros ojos verdes y un lacio mechón de cabello que sobresalía de su gorro.

- Perdone, ¿el albergue del pueblo?- preguntó al taquillero.

- Al final de la segunda calle a la derecha- le respondió él mientras sellaba la credencial.

La chica recogió la credencial y se despidió con un gracias, que el taquillero le correspondió con una agradable sonrisa. Al salir de la estación notó una leve brisa helada, que con los nervios del viaje le provocó un escalofrío. Mientras andaba observó el sello que le acababa de poner el trabajador de la estación en la credencial, era la figura de un peregrino y el nombre del pueblo de partida, Sarria. Este documento era su salvoconducto para pernoctar en los albergues del camino, así que se aseguró de guardarlo bien en su riñonera.

Era otoño y todavía no había amanecido, el pueblo se encontraba casi en la más absoluta soledad y sólo se podía escuchar el trabajar de los empelados del ayuntamiento que estaban limpiando las calles. Al llegar al albergue se lo encontró cerrado y también el bar de enfrente del que le habían hablado tan bien, sobretodo por sus desayunos. Así que resignada volvió sobre sus pasos y bajó la cuesta que la había llevado hasta allí dirigiéndose a las afueras del pueblo siguiendo las flechas que del camino Jacobeo.

Dejó la avenida principal y continuó por una pequeña calle poco alumbrada que transitaba por su izquierda. Su paso era firme y seguro, porque aunque no se podía observar si había alguna marca que la indicara, sabía como era el principio del recorrido. Pasó el antiguo Ponte Áspera y continúo cerca de las vías del tren que dentro de poco tendría que cruzar. Tras atravesar las vías, una fuerte pero corta subida entre robles será el cómplice brillante para contemplar el amanecer.

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