Memorias sin corazones ni banderas
El día amanecía gris, y no sólo por el frío y la lluvia que caía en Madrid a esas horas de la mañana, sino por la triste noticia del fallecimiento del presidente de honor de la Residencia de Estudiantes, Pepín Bello. José Bello, como prefería ser llamado, tenía 103 años y fue el eslabón de muchas amistades, el descubridor de un joven Dalí recién llegado a Madrid; el confesor de Lorca, de Buñuel, de Alberti, que lo recordaba como un “muchacho divertido con el que simpaticé vertiginosamente”.